16 de enero de 2011

Malasaña.

Y luego por la noche al Penta a escuchar canciones que consiguen que te pueda amar; eso dice una de las frases de la canción.


" Hoy han pasado 25 años desde que el Pentagrama abriera sus puertas. El interior del local no tiene nada que ver con lo que fue. Ha cambiado de dueños en un par de ocasiones y nadie de los que vivieron aquellos años sigue detrás de las barras. Solo algunas fotos y varios cuadros repletos de entradas de míticos conciertos certifican la solera del local. Pero hay algo más. De alguna forma misteriosa, el espirítu de El Penta ha sido mantenido y transmitido de dueño a dueño, de una generación a otra. Como el secreto que guarda la fórmula de algo artesanal. Muchos de los antiguos clientes dirigen hoy la cultura de este país. Para los que visitan el bar después de muchos años, puede que el local no les resulte conocido, pero la música que resonó en aquellas paredes sigue vibrando como una reverberación interminable. Y si cierras los ojos y escuchas las canciones que hoy mueven el aire del local puedes viajar instantáneamente veinticinco años atrás y recuperar aquella atmósfera. "


Ayer M. totalmente por rebote y casualidades de la vida, acabó en el Penta. El mismo Penta del que habla la canción. Y cuando se dio cuenta, se encontraba en uno de los bares más míticos de Malasaña y de la movida madrileña de los 80, superviviente, sólo apto para nostálgicos. Que abre y cierra con la canción. La misma canción que está escrita por sus paredes y firmada por Antonio Vega. La chica de ayer
Yo prefiero llamarlo magia.
Simplemente, Madrid es mágico. 

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